Cortita y al pie. La columna de Don Alfredo di Stéfano
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Cortita y al pie. La columna de Don Alfredo di Stéfano
El joven y deslumbrante Real Madrid concertó una misteriosa cita el sábado en el Bernabéu, con el objeto de enfrentar a un atormentado equipo rojiblanco. Los blancos, famosos y con brillante porvenir, fueron parte de una trama, de un intento irónico de dar vuelta de tuerca, que no cuajó. El Atlético, influido por las teorías de su entrenador, aceptó la peligrosa estrategia de ir a por Xabi Alonso. Podríamos pensar que el plan no era malo, Xabi es la piedra angular, la mayoría de las veces. Pero en el Real Madrid, todos pueden mirar de tú a tú, y no hay villanos que puedan alcanzar el caballo del bueno, como en las películas de cowboys, que son mis favoritas.
En este punto, el Atlético decidió hacer una jugada, más osada todavía: no tenía nada que perder, después de todo. Y si el gol fue bonito, lo más rescatable fue la firmeza y la sensación de que asumían las riendas. El título bajo el que jugaron en la primera parte fue claro: "Estamos por encima del Real Madrid".
Pero nadie está arriba del Real Madrid. Es curioso, los nervios cuando veo los partidos del Madrid siempre los tengo a flor de piel. Actualmente no, y entonces pensé: "vaya, nos han hecho un gol, ahora tendremos que vencerles por 7 a 1 o algo así". Y la verdad es que hace años no experimento esto, una seguridad inalterable en lo que hace esta muchachada, que lustra la charolada con tinta, cera y pomada, como decían los limpiadores de zapatos en Argentina.
EL ATLÉTICO SE ESFUMA
Así, con el empate, me dirigí al antepalco para picar algo, claro con cuidado de que lo que me llevara a la boca no tuviera sal, porque este servidor se tiene que cuidar el bobo, como llamo al corazón porque es el que más trabaja. Y encontré a mi gran amigo atlético, Enrique Collar. Al que advertí con una gran sonrisa, pero querido Enrique, al final no te vi por ningún lado.
Empezó el segundo tiempo, y un angelito, flaquito, el fideíto, casi esquelético diría yo, se embutió en su pedigrí. Ahora el Atlético se había esfumado. Se apartó, o lo apartaron, se armó una estrategia perversa, un francés y un argentino, resultó una aleación perfecta. Benzema y Di María sacudieron su cabeza, suspiraron, y se comieron todo lo que salía al paso.
En los minutos siguientes, el ataque blanco fue violento, y los rojiblancos jugaron al escondite. Navegaron a la deriva en el mar de la ignorancia futbolera. Debido a la historia, el Atlético quiera o no, llega a estos partidos con un nudo alrededor del cuello. Y en los últimos minutos, Gonzalo Higuaín y Cristiano Ronaldo lo apretaron.
LA CRISIS DE LOS DEMÁS
Sin embargo, ninguna derrota es aniquilamiento por muy dura que sea. Ésta es la verdad elemental que suele escapársenos a todos los que amamos el fútbol. En cada jornada se juega el siguiente sol. La crisis de los demás equipos tiene una clara solución técnica. Y para que salgan del embrollo, tendrán que convencer a la afición de que pueden hacer sus ajustes, justos, necesarios y precisos. Mientras tanto, al nuevo primer ministro se le llama Real Madrid.
Fuente el mundo vía Orbyt.
En este punto, el Atlético decidió hacer una jugada, más osada todavía: no tenía nada que perder, después de todo. Y si el gol fue bonito, lo más rescatable fue la firmeza y la sensación de que asumían las riendas. El título bajo el que jugaron en la primera parte fue claro: "Estamos por encima del Real Madrid".
Pero nadie está arriba del Real Madrid. Es curioso, los nervios cuando veo los partidos del Madrid siempre los tengo a flor de piel. Actualmente no, y entonces pensé: "vaya, nos han hecho un gol, ahora tendremos que vencerles por 7 a 1 o algo así". Y la verdad es que hace años no experimento esto, una seguridad inalterable en lo que hace esta muchachada, que lustra la charolada con tinta, cera y pomada, como decían los limpiadores de zapatos en Argentina.
EL ATLÉTICO SE ESFUMA
Así, con el empate, me dirigí al antepalco para picar algo, claro con cuidado de que lo que me llevara a la boca no tuviera sal, porque este servidor se tiene que cuidar el bobo, como llamo al corazón porque es el que más trabaja. Y encontré a mi gran amigo atlético, Enrique Collar. Al que advertí con una gran sonrisa, pero querido Enrique, al final no te vi por ningún lado.
Empezó el segundo tiempo, y un angelito, flaquito, el fideíto, casi esquelético diría yo, se embutió en su pedigrí. Ahora el Atlético se había esfumado. Se apartó, o lo apartaron, se armó una estrategia perversa, un francés y un argentino, resultó una aleación perfecta. Benzema y Di María sacudieron su cabeza, suspiraron, y se comieron todo lo que salía al paso.
En los minutos siguientes, el ataque blanco fue violento, y los rojiblancos jugaron al escondite. Navegaron a la deriva en el mar de la ignorancia futbolera. Debido a la historia, el Atlético quiera o no, llega a estos partidos con un nudo alrededor del cuello. Y en los últimos minutos, Gonzalo Higuaín y Cristiano Ronaldo lo apretaron.
LA CRISIS DE LOS DEMÁS
Sin embargo, ninguna derrota es aniquilamiento por muy dura que sea. Ésta es la verdad elemental que suele escapársenos a todos los que amamos el fútbol. En cada jornada se juega el siguiente sol. La crisis de los demás equipos tiene una clara solución técnica. Y para que salgan del embrollo, tendrán que convencer a la afición de que pueden hacer sus ajustes, justos, necesarios y precisos. Mientras tanto, al nuevo primer ministro se le llama Real Madrid.
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Yujuju- Fifa World Player

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